• La transferencia de microrganismos de madres a hijos va en aumento durante la lactancia y contribuye significativamente al desarrollo del sistema de defensas de los bebés

 

  • El origen de los microbios en la leche materna no es claro, pero se explora la posibilidad de que viajen desde el intestino de las madres a través de la circulación sanguínea y linfática

 

Los factores inmunes de la leche materna se encuentran en su más alta concentración en el calostro —líquido secretado por las glándulas mamarias después del parto—, lo que confirma la importancia de su función inmunológica en los días en que el recién nacido está más expuesto a patógenos, así como a lo largo de los seis meses que se recomienda como alimento exclusivo de niñas y niños.

Resultados de investigaciones de especialistas de Reino Unido y Estados Unidos publicados en la revista Frontiers in Immunology señalan que, además de ofrecer protección contra infecciones respiratorias y gastrointestinales, así como, reducir el riesgo de asma, atopia, diabetes, obesidad y enfermedad inflamatoria intestinal, la lactancia continúa el proceso de transferencia de inmunidad de madre a hijo iniciado en el útero, al contribuir con el desarrollo de la mucosa intestinal, la microbiota y las propias defensas de los neonatos.

Durante el primer mes de vida —detalla el trabajo de las doctoras Kirsty Le Doare, Beth Holder, Aisha Bassett y Pia S. Pannaraj—, los microbios de las heces de los bebés amamantados coincide en 28% con los microbios presentes en la leche materna. Dicha correspondencia aumenta en proporción con la ingesta diaria de este alimento, lo que sugiere la transferencia de microbios de efecto benéfico desde el seno materno hasta el intestino del bebé.

El origen de estos microrganismos en la leche materna no está bien establecido. El intercambio cíclico de bacterias entre la piel de la madre y la boca del hijo contribuye efectivamente al desarrollo de nuevas comunidades especies, pero no de todas las presentes. Nuevos estudios exploran ya la posibilidad de que las bacterias de la madre viajen desde su propio intestino hasta sus glándulas mamarias, a través de la circulación linfática y sanguínea, para estar disponibles durante la lactancia.

La publicación también señala que factores relacionados con la maternidad inciden en la composición de la microbiota de la leche materna, la cual es más diversa en las madres que tienen parto natural, así como en aquellas que reportan un buen estado de salud en comparación con quienes padecen obesidad, enfermedad celíaca o VIH. El uso de antibióticos y la quimioterapia también disminuyen la diversidad bacteriana en la leche materna.

Una opción para las mamás que cuidan su salud —además de mantener una dieta variada, equilibrada y rica en fibra; preferir las grasas saludables y las carnes magras; minimizar el consumo de café, azúcares y harinas refinadas, y tomar mucha agua— podría ser el consumo de probióticos, en especial, el de origen natural desarrollado a partir de la levadura Saccharomyces boulardii CNCM I-745®, puesto que se ha comprobado que fortalece la microbiota intestinal.

“Es importante recordar que el establecimiento progresivo de la microbiota infantil —al cual las madres pueden contribuir de manera significativa mediante la alimentación al seno materno— es vital para el desarrollo del sistema inmune de los recién nacidos a la tolerancia y la reactividad para mantener la salud durante el resto de su vida”.

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